Historias DiarioSur
Por Pablo Santiesteban , 9 de febrero de 2022

470 años: De Mallalauquén a la fundación de Valdivia

  Atención: esta noticia fue publicada hace más de 9 meses
Las huestes españolas avanzaron por 4 meses entre el Valle de Mariquina hasta la actual ciudad. Al lado pintura de la fundación de Valdivia.
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En los tiempos actuales está de moda el llamado revisionismo histórico y, en algunos casos, la deconstrucción de la historia del mundo, país o ciudad. Hoy a 470 años desde la fundación de Valdivia Grupo DiarioSur revisará los hechos que decantaron en la fundación de Santa María la Blanca de Valdivia. De seguro habrá visiones encontradas, probablemente críticas a este reportaje, pero intentaremos basarnos en crónicas del siglo XVI y considerando el contexto de una época muy distinta a la nuestra.

La fundación de Valdivia no ocurrió en un solo día, fue un proceso que tomó varios meses (al menos cuatro meses) donde hubo expediciones, reconocimiento del territorio, enfrentamientos sangrientos, pero también el encuentro de dos mundos que a la larga formaron la identidad actual.

Por muchos años los valdivianos celebraron la fundación de su ciudad el 12 de febrero, hasta que en la década del setenta del siglo XX el sacerdote e historiador padre Gabriel Guarda descubrió que hubo un error y que la fecha de fundación de Valdivia ocurrió un 9 de febrero de 1552. La evidencia la descubrió en España, revisando la biblioteca del Archivo General de Indias en Sevilla. No sabemos qué debe haber experimentado este hombre enamorado de la investigación histórica, pero su hallazgo corrigió un dato y nos acercó más a lo que fueron los orígenes valdivianos.

MÁS ALLÁ DE CONCEPCIÓN

Estamos en el siglo XVI y el conquistador Pedro de Valdivia, gobernador de Chile, ya había fundado la ciudad de Concepción en octubre de 1550, pero las huestes españolas querían seguir avanzando hacia el sur, pasando por el territorio de la Araucanía.

 Valdivia tenía el dato que le había entregado en 1544 el marino Juan Bautista Pastene y Jerónimo de Alderete de una bahía que podría servir de puerto y un estuario donde podría edificarse una ciudad, todo esto en medio de un paisaje en total estado natural y en donde vivían indígenas que hablaban una variante del mapudungún (la lengua de los mapuches) y que al parecer no eran tan belicosos.

La estrategia consistía en crear plazas fuertes al amparo de un contingente de soldados que debían establecerse, colonizar el entorno, convertirse en los primeros vecinos de la emergente ciudad y estar disponible para nuevas expediciones.

En 1551 Pedro de Valdivia inicia una expedición y entre sus huestes iba el capitán y cronista español Bernardo de Vargas Machuca y Pedro Mariño de Lobera que había llegado ese mismo año a Chile, ambos dejaron testimonios que más adelante aprovecharon historiadores como Francisco Encina para elaborar sus Historias de Chile.

LA AYUDA DE ALICÁN

Según el libro “Crónicas del Reino de Chile” de Mariño de Lobera, estando Pedro de Valdivia en la ciudad de La Imperial recibió a un indígena natural del Valle de Mariquina, su nombre era Alicán y ofreció su servicio al conquistador cuando supo que éste pretendía seguir más al sur. Según el cronista, Alicán estaba enamorado de una india llamada Marabuta, pero no tenía los recursos para arreglar el matrimonio, por eso decidió ponerse al servicio del conquistador, siendo de gran ayuda como lenguaraz o traductor.

Según Mariño de Lobera, Alicán fue bien tratado por la hueste española y lo hicieron vestir con ropajes de la hueste y fue “servicial” y “fervoroso” con Valdivia y sus hombres. El relato precisa que el guía llevó por camino abierto a los españoles al Valle de Mariquina hasta llegar a una vega que “donde había buenas casas con cercas de palizada a manera de fortaleza”. Ese fue el primer campamento de los españoles a su llegada a la zona y era octubre de 1551, según las crónicas del español.

Los huilliches no estaban contentos con la presencia española en el lugar y empezaron a hacer demostraciones de fuerza con sus armas, pero que no pasaron más allá de hostigamientos o “bravatas” como se describe.

Añade que también llegaron indígenas en son de paz y junto a un río (tal vez el Cruces) les regalaron pescados y compartieron con los españoles. Se quedaron con ellos un tiempo y después desaparecieron, por lo que el cronista deduce que eran espías.

Días después los huilliches impidieron que la hueste siga avanzando al sur y desde el otro lado del río lanzaron piedras, dardos y flechas. Mariño de Lobera relata que Pedro de Valdivia montó en cólera y mandó a cincuenta hombres a vadear el río y atacar a los indígenas para así pasar el río y seguir su camino.

LA BATALLA DE MARIQUINA

El 3 de diciembre de 1551 ocurre el primer enfrentamiento armado de los españoles con los habitantes del lugar en lo que el historiador Francisco Encina denomina la Batalla de Mariquina. 

Más que batalla fue una masacre. Según Encina, citando a Mariño de Lobera, los huilliches fueron tomados por sorpresa por los 50 jinetes que habían vadeado el río y atacaron, produciendo una desordenada desbandada e incluso algunos se arrojaron a las aguas del río para conservar sus vidas. El cronista relata en “Crónicas del Reino de Chile”: “… fueron a todo correr tan despulsados, que iban dejando las armas por el camino, por ir más ligeros, hasta que llegaron a dar con un gran ejército de indios que venían a socorrerlos mui en orden con diversas especies de armas, mui lucidas y nocivas para los nuestros. Pero apenas vieron venir para sí a los españoles a caballo con aquel tropel y bríos cuando repentinamente dieron a huir con los demás que venían ya huyendo, imitándolos en ir sembrando armas por el camino, en tanta cantidad que eran un estorbo al curso de los caballos”.

Los que huían eran recibidos por los yanaconas (indios auxiliares) que derribaron a los huilliches a mazazos. Mariño de Lobera señala en su crónica que hubo excesos y “crueldades indignas de cristianos”, pues cercenaron manos, pies, orejas y narices y a las mujeres les extirparon sus senos.

Ulliaipangue era el capitán de los huilliches, quien pereció con el resto de sus compañeros.

Alicán guió a Pedro de Valdivia por el valle que, según el cronista, “era bello y fértil” y de “abundancia de aguas”. Después el conquistador le dio una compañía de yanaconas a Alicán para que vaya a buscar a su amada, éste la raptó y se la llevó al campamento español.

Ocurrió que el padre de la joven Marabuta era Antonabal, un rico cacique de Mariquina, quien fue a parlamentar con Valdivia y le hizo ver que Alicán era un traidor y que no merecía a su hija. “Si le deseas gratificar guiándote por los caminos págale de tu hacienda y no con deshonra mía”, le habría dicho a Valdivia, según el cronista.

Valdivia desestimó a Antonabal y éste se fue dando grandes muestras de dolor al ver a su hija perdida y con un hombre al que no consideraba digno.

Posteriormente hubo más enfrentamientos con los huilliches y el cronista habla que los españoles dieron muerte a 30 mil hombres, destacando por sus bríos a su capitán Netical y a hombres como Yaiquetasque, Yatoca, Guenchoalieno, Liques, Aivequetal y Mapolicán, entre varios más.

RUMBO A MALLALAUQUÉN

De los indios de Mariquina, Valdivia se enteró que más al sur estaba Mallalauquén, lugar al que así denominaban los indígenas. Avanzó con sus huestes y se asentó a 4 leguas de donde se levantó posteriormente la ciudad de Valdivia. Mariño de Lobera describe que el lugar del campamento se denominaba Cudapulle y que cerca había un río llamado Maimilli y en ese lugar pasaron la Navidad.

El clima lluvioso impidió el avance de la tropa y Pedro de Valdivia mandó a un adelantado a espiar y éste le informó de un poblado indígena con gente que cultivaba legumbres y granos y que era “tierra marítima porque había muchas tuninas que subían por el río”, por lo que dedujeron que estaban cerca del mar.

Cuando Valdivia y sus hombres llegaron al lugar se encontraron con un gran río (el Calle Calle) y del otro lado sus habitantes les lanzaron flechas y piedras, pero que no llegaban ni a la mitad del río. Valdivia le pidió a Jerónimo de Alderete que pasara a parlamentar con los nativos con 50 hombres en unas balsas y pasaron los caballos a nado. Esto fue en la fiesta de la Epifanía, según Mariño de Lobera, por lo que se especula que debe haber sido el 6 de enero de 1552.

El cronista añade que cuando “los indios vieron que iba el negocio de veras corrieron a sus casas a traer de presto los más regalos que pudieron”, pero como vieron a los caballos bufar al nadar en el río se espantaron y dejaron los regalos en la orilla. Al pasar a la otra orilla los españoles vieron una hermosa loma llena de árboles y se maravillaron con la belleza del entorno y el río.

UN PARAÍSO TERRENAL

En otra crónica Bernardo de Vargas relata “visto el gobernador tan buena comarca y sitio para poblar una ciudad y ribera de tan buen río y teniendo tan buen puerto fundó una ciudad e intitulola ciudad de Valdivia”. Éste cronista es el que escribe que la fundación fue el 9 de febrero de 1552.

Posteriormente pasó Pedro de Valdivia y al avanzar por la tierra encontraron una gran cancha de palín y el conquistador decidió ahí levantar la plaza de la futura ciudad. Los indios le entregaron presentes y los españoles les trataron bien y a cambio les regalaron baratijas como tenedores y cuchillos que fueron recibidos con curiosidad y amabilidad por los huilliches.

Ya asentados, Valdivia le pidió a Jerónimo de Alderete levantar la primera iglesia matriz con la dedicación de Santa María la Blanca.

“La comarca tenía más de mil 500 indios en espacio de diez leguas y estaba mui bastecido de legumbres, maíz y frutas de la tierra”, describe Mariño de Lobera y añade “la tierra es algo montuosa, pero de grandes recreaciones, pues tiene cipreses pequeños y otros muchos árboles deleitables”.

De Vargas Machuca, por su parte, escribió “hay buena madera para casas y aún para navíos”, pero añade “llueve muchos más que en ninguna parte de las otras provincias que he dicho”. También describe más las costumbres de los huilliches al indicar que a diferencia de otros pueblos que conoció no adoran al sol o la luna, no tienen adoratorios, y que tienen por señor a un “lebo” y se subdividen en seis o siete “cabis” que obedecen al señor principal. Una vez al año celebran una reunión o “regua” donde exponen sus asuntos como en una corte y se celebran matrimonios.

Los primeros españoles moradores de Santa María la Blanca de Valdivia fueron, según el cronista español, Francisco de Herrera Sotomayor, Cristóbal Ramírez, Juan de Montenegro, Pedro Fajardo, Juan de Matienzo, García de Alvarado, Diego Ortiz de Gatica, Estevan de Guevara, Martín Gallegos y Gaspar de Robles, entre muchos otros.

El gobernador pidió un censo de los indígenas para las encomiendas y ocupó a varios de ellos para levantar la ciudad en lo que antes era el poblado de Ainil. 

Posteriormente Valdivia siguió rumbo al lago Villarrica y fundó dicha ciudad. Un año después el conquistador moría en la Batalla de Tucapel a manos del toqui Lautaro.

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